01-16-2022
IGLESIA REINA DE LOS ANGELES - SUNNYSIDE
CLASE DE CONFIRMACION - DOMINGOS
TU INICIACION: LLAMADOS A DEFENDER A CRISTO
“Cante al Señor toda la tierra,
día tras día, proclamen su victoria.”1 Crónicas 16: 23
La bella historia de cómo Dios preparó al mundo para la
venida de Jesucristo y de cómo Jesús cumple este plan para
la redención o salvación de la raza humana se llama historia de la salvación.
Jesús iba a restaurar
la gracia que se había perdido por el pecado original.
Dios decide formar un pueblo para Él, el pueblo
escogido, a quienes Él se manifestaría y revelaría su plan de salvación.
De esta
comunidad sagrada Él escogería la mujer que sería la madre del Redentor de todo el mundo.
Dios escoge a un hombre llamado Abram, que
vivía en la tierra de Mesopotamia hace casi cuatro mil años.
Dios hace una ALIANZA (acuerdo o promesa) con
él, prometiendo hacer de Abram el padre de muchos descendientes, quienes se
convertirían en una gran nación.
Dios también le dijo que esta nación viviría en un
lugar maravilloso llamado la Tierra Prometida.
“El Señor dijo a Abram: Deja tu tierra natal y la casa
de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y
te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que
te bendigan y maldeciré al que te maldigan, y por ti se bendecirán todos los
pueblos de la tierra”. Génesis 12: 1
- 3
Abram aceptó la alianza y para demostrar su nueva
misión en la vida, Dios le dio el nuevo nombre de ABRAHAM,
que significa “Padre de muchos pueblos.”
Abraham fue el primer Patriarca
del pueblo escogido.
PATRIARCA: Fundador de una gran familia.
Cuando Abraham aceptó esa alianza, demostró una gran
fe en Dios porque él y su esposa eran ya ancianos y aun así creyeron que el
Señor les daría muchos hijos.
Abraham y su esposa Sara confiaban tanto en Dios que
estuvieron dispuestos a dejar su familia y su hogar para dirigirse a la Tierra
Prometida.
“Por la fe,
Abrahán, llamado por Dios, obedeció la orden de salir para un país que
recibiría en herencia, y partió sin saber adónde iba.” Carta a los Hebreos
11: 8
Aun hoy en día, en la liturgia de la Iglesia
Católica, o sea, en la Misa, honramos a este santo hombre como “Abraham,
nuestro padre en la fe” (Oración Eucarística I)
Después de que Dios le
prometió descendientes, Abraham tuvo un hijo llamado Isaac.
El niño era muy amado por
sus ancianos padres.
Un día, Dios quiso poner a
prueba la fe de Abraham y le pidió que sacrificara a su hijo amado como un acto
de alabanza.
“Toma a tu hijo único, el
que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto
sobre la montaña que yo te indicaré”. Génesis 22: 2
Sabiendo que el hombre debe amar y servir a Dios más
que a su familia, Abraham llevó a Isaac a una montaña y se preparó para
sacrificarlo como Dios había mandado. Justo cuando Abraham iba a sacrificar a
Isaac, un ángel lo detuvo y le reveló que era una prueba.
Ahora Dios sabía que Abraham
le amaba de verdad más que nadie y recompensó ese amor prometiéndole continuar
su alianza a través de Isaac.
Después de la muerte de Abraham, Isaac se convirtió en el segundo
patriarca o líder del pueblo escogido de Dios.
PREFIGURACIÓN – Representación anticipada de algo.
El sacrificio de su único hijo que Abraham
estaba dispuesto a hacer fue una PREFIGURACIÓN del amor de Dios por la
humanidad que permitió que Jesús, su único Hijo, fuera sacrificado en la cruz
por nuestros pecados.
LA ALIANZA CONTINÚA CON JACOB
Isaac se
casó con una joven llamada Rebeca y tuvieron gemelos, Esaú y Jacob.
Dios escogió
a Jacob como
la persona con la que Él mantendría la alianza que había hecho con Abraham.
“Yo soy el Señor, el Dios
de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la
tierra donde estás acostado. Tu descendencia será numerosa como el polvo de la
tierra; te extenderás hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por ti y
tu descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra. Yo estoy
contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. No
te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo”. Génesis 28: 13 –
15
Poco tiempo después de este evento Dios le
dio a Jacob el nuevo nombre de ISRAEL, que significa “el hombre que lucha con Dios”.
Este nuevo
nombre es muy importante porque el pueblo de Dios lo usó como el nombre para su
comunidad: los Israelitas.
Jacob tuvo doce
hijos quienes se convirtieron en los padres de las doce tribus o
familias que formaron el pueblo escogido.
De este
modo, Jacob se convirtió en el tercer
patriarca del pueblo de Dios.
LA HISTORIA DE JOSÉ
Entre los muchos hijos de Jacob había uno muy querido para él, José.
Los otros hijos le tenían envidia y odiaban cada vez más a su hermano.
Entre ellos planearon como deshacerse de José. Un día, cuando estaban en el
campo cuidando las ovejas, vendieron a José a unos comerciantes de esclavos que
iban a Egipto y después le dijeron a Jacob que a José lo había matado una
bestia salvaje.
Jacob estaba destrozado de la pena sin saber que sus hijos habían
vendido a José por unas veinte monedas de plata.
En esto José nos recuerda a Jesús, quien fue
vendido por uno de sus amigos por treinta monedas de plata.
José también prefigura a Jesús porque él se
convertiría en una especie de salvador en Egipto para sus hermanos.
José es llevado a Egipto y allí fue comprado por una familia
importante. Muy pronto se convirtió en un sirviente de confianza del Faraón (el
rey de Egipto) y le fueron dadas posiciones importantes en la corte real,
llegando a ser el segundo al mando en todo Egipto.
Mientras tanto, la tierra del pueblo escogido estaba en tiempos de
hambre. Los hermanos de José viajaron a Egipto en busca de comida.
Imagínense su sorpresa al encontrar a José en tan alto puesto en
Egipto.
José, en vez de mandar a matar a sus hermanos o mandarlos a la cárcel
por lo que le habían hecho, los perdona, los abraza y les da la comida que
necesitaban. José invita a su familia a mudarse a Egipto y les da algunas de
las mejores tierras en Egipto. José los perdonó y los amo con todo su corazón.
En esto José prefigura de nuevo a Jesús. José perdonó a aquellos que
le habían ofendido y les dio todo lo que necesitaban para una vida feliz.
Esto nos recuerda a Cristo, que perdona todos
nuestros pecados y nos da todas las gracias y bendiciones que necesitamos para
vivir buenas vidas cristianas mientras vamos camino al cielo que es nuestro verdadero
hogar.
Por 400 años los Israelitas vivieron en Egipto.
Mientras José estuvo vivo, fueron tratados con honor y respeto.
Los Israelitas permanecieron en Egipto por muchos años y los
gobernantes ya no estaban contentos de tenerlos.
Un faraón hizo a los Israelitas esclavos de los egipcios. Hacían
trabajos pesados desde el amanecer hasta el anochecer; fueron usados como “bestias
de carga” para construir muchas de las pirámides en Egipto.
El pueblo de Dios empezó a pensar que Dios los había abandonado, se
preguntaban si el Señor les había retirado la maravillosa alianza de
bendiciones que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob.
Fue en esta etapa difícil en su historia que Dios envió a un hombre especial a su
pueblo.
CONTINUAMOS LA HISTORIA LA SEMANA PROXIMA


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