Sunday, March 27, 2022

03-27-2022 - EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA O CONFESION

 

03-27-2022

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA O CONFESIÓN


” Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad.”

 Primera Carta de San JUAN Capitulo 1 versículo 9

Dios llama a cada uno de nosotros para que recibamos nueva vida en Él, la vida de la gracia santificante.

Esa vida de la gracia la recibimos por primera vez en las aguas sagradas del Bautismo que

       nos quita el pecado original

       nos hace templos del Espíritu Santo

¿Y qué pasa con los pecados cometidos después del Bautismo?

¿Cómo nos limpiamos de nuevo?

Eso se realiza gracias al sacramento maravilloso de la CONFESIÓN, que también llamamos de la PENITENCIA o RECONCILIACIÓN.

Éste sacramento es el don del amor y de la misericordia de Dios a su pueblo.

Jesús se les apareció a sus apóstoles la noche del día de la Resurrección y les dio el poder sacerdotal de celebrar este sacramento.

Vamos a leer lo que San Juan, que fue testigo de este suceso, nos dice:

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes»

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los

 pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán

 retenidos a los que ustedes se los retengan». (Juan 20: 19-23)

¡Con estas palabras Jesús les dio a los apóstoles el poder de perdonar los

 pecados!, algo que únicamente DIOS puede hacer!

¿Cómo puede ser esto?

Porque Nuestro Señor compartió con ellos su misión como Salvador.

Tenían que ir por el mundo perdonando los pecados tal como Él lo había hecho.

De la misma manera que había compartido con los apóstoles su autoridad

 de enseñar y, en la Última Cena, el poder de transformar pan y vino en su

 Cuerpo y su Sangre, en ese momento les dio el poder de perdonar los pecados.

 

PARA COMPRENDER EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Podemos entender mejor este sacramento si examinamos las palabras que Jesús

 usó cuando se lo dio a la Iglesia.

v  “LA PAZ ESTÉ CON USTEDES”

v  “COMO EL PADRE ME HA ENVIADO”

v  “YO TAMBIÉN LOS ENVÍO A USTEDES”

v  “RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO”

v  “A QUIENES LES PERDONEN LOS PECADOS, LES QUEDAN PERDONADOS” “A

 QUIENES SE LOS RETENGAN, LES QUEDAN RETENIDOS”

 

 

EL SIGNO Y LOS EFECTOS DE LA PENITENCIA

Como todos los sacramentos, la Penitencia tiene su propio signo o materia.

El signo o materia de la Penitencia es

       la CONFESION DE LOS PECADOS (el acto de decirle los pecados al sacerdote)

       las PALABRAS DE ABSOLUCIÓN o de PERDÓN que el sacerdote dice mientras hace la Señal de la Cruz sobre nosotros.

El signo o materia nos indica qué efectos tiene ese sacramento en nuestras almas.

       El signo de nuestra confesión privada: muestra que vamos a ser liberados de los pecados que hemos confesado.

       El signo de la absolución: indica que de verdad nos hemos liberado de los pecados confesados.

La cruz que el sacerdote hace nos recuerda que los pecados pueden ser perdonados solamente porque Cristo murió por ellos en la Cruz.

 

Si nos hemos preparado bien para este sacramento, Dios hace maravillas por nosotros.

1.   Nos quita los pecados que hemos cometido y restaura a nuestras almas la vida de la gracia, que habíamos perdido por el pecado mortal. Si tenemos solamente pecados veniales que confesar, Dios aumenta la gracia santificante en nosotros y fortalece nuestra amistad con Él. Por eso es provechoso confesarse aun cuando no tengamos pecado mortal.

2.   Cuando Cristo perdona nuestros pecados a través de la absolución, se pagan algunos de los castigos temporales merecidos por nuestros pecados. El castigo temporal es la purificación necesaria que debemos sufrir para ser liberados de apegos desordenados que quedan aún después de que nuestros pecados son perdonados.

  1. Por el sacramento de la Penitencia se satisface parte del castigo temporal. Lo que queda del castigo puede completarse ya sea en la tierra con la aceptación del sufrimiento y penitencias, o bien en el purgatorio.
  2. Por último, en el sacramento de la Penitencia Dios nos ofrece las gracias que necesitamos para hacer el bien y evitar el mal en el futuro.

 

 

CÓMO CONFESARTE BIEN

Para hacer una buena confesión necesitas hacer estos cinco pasos:

1.   Examen de conciencia

2.   Dolor por los pecados

3.   Propósito de enmienda

4.   Confesar tus pecados al sacerdote

5.   Recibir la absolución y cumplir la penitencia que el sacerdote te ponga

 




EL RITO DE LA PENITENCIA

1.   Acogida del penitente

2.   Lectura de la Palabra de Dios

3.   Confesión de los pecados del penitente

4.   Consejo del sacerdote confesor

5.   Manifestación del dolor por parte del penitente

6.   Absolución sacramental por parte del confesor

7.   Alabanza a Dios

8.   Despedida del sacerdote

03-27-2022 - LA MISERICORDIA Y EL PERDON DE DIOS - 1

 

03-27-2022

       LA MISERICORDIA Y EL PERDON DE DIOS

“…Yo reconozco mis delitos, me angustian mis pecados.

Salmo 38: 19

 

En el tiempo de Jesús algunos de los líderes religiosos de los judíos parecía que se habían olvidado del amoroso perdón que Dios había mostrado a sus antepasados.

Sólo le recordaban al pueblo la justicia de Dios, especialmente que Él castiga cada pecado que cometemos.

Ellos hablaban de Dios como si Él fuera un juez implacable que encuentra gozo condenando a todos.

Pero cuando Jesús predicaba a ese pueblo les dijo que Dios está lleno de misericordia y perdón.

MISERICORDIA significa que Dios tiene amor y ternura hacia la débil humanidad.

Nuestro Señor, Dios hecho hombre, nos muestra esta misericordia en su trato con los pecadores.

Cuando los pecadores venían a Jesús él nunca los ignoraba o los trataba como marginados. Él hacía que se sintieran deseados y amados y se hizo amigo de ellos.

Incluso llamó a uno de ellos, a Mateo, a ser uno de sus apóstoles y a otra, a María Magdalena, a ser una de sus más cercanas discípulas.

Esta actitud amable de Jesús puso muy enojados a los líderes de los judíos.

Un día los líderes de los judíos se quejaron a sus discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” (Mateo 9: 11).

Jesús, por casualidad, oyó ese comentario y los dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.”

Lo que Jesús quiso decir es que Él era como un médico que se preocupa por la salud del pueblo.

Él es el Médico Divino que ha venido a sanar la enfermedad del pecado en nuestras almas.

Él ha venido a ofrecernos el perdón y la libertad del pecado a cada uno de nosotros.

 

DIOS AMA AL PECADOR PERO ODIA EL PECADO

    Algunas personas piensan que la amistad que Jesús hizo con los pecadores significa que Él aprueba sus deseos y acciones pecaminosas.

Eso está muy lejos de ser verdad. Él amaba a cada persona porque esa persona había sido creada por Dios, que nos manda a amar a todos. Pero odiaba cada pecado y nunca le dijo a nadie que Él aprobaba su pecado.

¿Se recuerdan de la historia en el Evangelio acerca de la mujer que fue sorprendida en el acto de adulterio?

Alguno de los escribas y fariseos estaban a punto de matar a esta mujer. Pero Jesús les recordó que ellos también eran culpables de pecados. Entonces le dijo a la mujer: “Vete, no peques más en adelante. JUAN 8, 11

TODOS NECESITAMOS UN CAMBIO DE CORAZON

Como la mujer que recién mencionamos, todos nosotros estamos ante Jesús como pecadores que vienen a Él por perdón.

Vamos a Él en la confesión y salimos del confesionario libre de pecados. ¿Cómo podemos “irnos y no pecar más”? Teniendo un cambio de corazón. Esto significa que honestamente tratamos de hacer el bien y evitar cometer pecados, aun cuando es difícil. Esto significa que tratamos de ver las cosas como Jesús las ve: dando el primer lugar en la vida a Dios, el segundo a nuestro prójimo y el último a nosotros mismos.

Una de las maneras de tener un cambio de corazón es pasando unos minutos en la noche, antes de dormirnos, pensando en la manera que pasamos nuestro día. Brevemente repasamos los Diez Mandamientos para ver si hemos sido fieles en obedecerlos.

Este tiempo de reflexión nos ayuda a ver qué pecados cometimos y con qué frecuencia los cometemos.

Esto también nos ayuda a evitar los pecados en el futuro.

Hay una muy buena práctica cristiana llamada examen de conciencia que nos ayuda a descubrir nuestros pecados y a trabajar en un cambio de corazón.

Cuando examines tu conciencia debes considerar el precio que Jesús pagó por tus pecados, cómo ellos ofenden a Dios y cómo han lastimado a tu prójimo.

Debes estar arrepentido de tus pecados. Esto es llamado contrición.

Hay dos clases de arrepentimiento por el pecado:

Contrición perfecta que significa que estamos arrepentidos de nuestros pecados porque ellos ofenden a Dios al que debemos amar sobre todas las cosas.

Contrición imperfecta, también llamada atrición, que significa que estamos arrepentidos de nuestros pecados porque tememos el castigo por ellos.

Ambos tipos de dolor por el pecado son aceptables para la confesión, pero la contrición perfecta es la mejor forma de dolor por el pecado.

Otra manera de crecer en este cambio de corazón es recordando que a la hora de la muerte tendremos que ir ante Dios y ser juzgados.

Entonces no habrá más tiempo para nosotros poder cambiar nuestra manera de vivir.

Cuando muramos seremos enviados a uno de los tres lugares espirituales:

Cielo, Purgatorio o Infierno

 

El Cielo se otorga a aquellos que han muerto en gracia de Dios y han tratado de conocer, amar y servir a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas. Es la felicidad eterna en la presencia de Dios.

El Purgatorio es para aquellos que han querido amar a Dios y servirlo en la tierra pero que, sin embargo, realmente no trataron tan duro como podían haberlo hecho. Murieron con pecados veniales o pena temporal debido al pecado. En este estado, son purificados de sus pecados veniales o penas por su pecado y se preparan para el cielo.

El Infierno es para aquellos que rechazaron a Dios y murieron en estado de pecado mortal.

Durante su vida trataron de satisfacer sus deseos egoístas, no se arrepintieron de sus pecados y rechazaron aceptar la misericordia de Dios.

El Infierno es la ausencia de Dios y un lugar de castigo eterno para aquellos que escogieron por sus acciones el rechazar a Dios.

Las almas en el infierno están separadas de Dios eternamente.

Después de haber considerado nuestros pecados en el examen de conciencia y tener dolor por nuestros pecados, debemos tener un propósito de enmienda, o sea, un propósito de no volver a pecar y de evitar las ocasiones que nos llevan al pecado.

La mejor manera de cambiar nuestros corazones es recibiendo el Sacramento de la Penitencia o Confesión frecuentemente, por lo menos una vez al mes.

De esta manera vamos a tener nuestros pecados perdonados y recibiremos la fortaleza que necesitamos para evitarlos en el futuro.

Aunque la confesión es necesaria solo cuando hemos cometido pecado mortal, la confesión de nuestros pecados veniales nos da gracia que nos ayuda a evitar los pecados que hemos confesado incluso aquellos que son veniales.

El sacerdote nos dará buenos consejos en cómo llegar a ser un mejor cristiano.

       TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME

Un día Jesús le dijo a sus discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mateo 16: 24)

Él nos llama a hacer lo mismo. Esto significa que debemos aprender a rechazar nuestros deseos egoístas haciendo pequeños actos de penitencia.

Algunos ejemplos de penitencia son:

      el no comer entre comidas

      el ofrecerse voluntariamente a lavar los platos después de la cena, aunque no sea tu turno de lavarlos

Haciendo estas pequeñas cosas que no nos gustan por amor a Dios, fortalecemos nuestra voluntad.

Entonces, cuando las tentaciones de pecar vengan, estaremos mejor preparados para decir “no” a las tentaciones.

 

 

 

Sunday, March 20, 2022

03-20-2022-LOS SIETE DONES DEL ESPIRITU SANTO

 03-20-2022

IGLESIA REINA DE LOS ANGELES - SUNNYSIDE

CLASE DE CONFIRMACION – DOMINGOS

LOS SIETE DONES DEL ESPIRITU SANTO


ORACION AL ESPIRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida y renovarás la faz de la tierra.

Oh, Dios, que iluminas los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos saber qué está bien según el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consuelos.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen

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Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?”
Mateo 7: 16

En la Última Cena Jesús habló de un regalo muy especial que les iba a dar a sus discípulos: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.” (Juan 14: 23)

Jesús nos dice que Dios vendrá a vivir realmente dentro de aquellos que le aman y obedecen sus mandamientos. Y donde el Padre y el Hijo están, por supuesto, el Espíritu Santo también estará.


Este regalo de Dios dentro de nosotros se llama la “inhabitación” de la Santísima Trinidad en el alma.

Mientras estemos en estado de gracia santificante, Dios vivirá en nuestras almas.

San Pablo escribió sobre esto en su primera carta a los Corintios:” ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.”

(1 Corintios 3: 16-17)

El misterio de Dios dentro de nosotros es mencionado a menudo por San Pablo en el Nuevo Testamento.

Él nos recuerda que esta presencia nos hace más que criaturas de Dios, nos hace hijos suyos:

Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo ¡Abba!, es decir, ¡Padre!” (Gálatas 4: 6)

LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO



Junto con esta santa presencia de Dios, el Espíritu Santo le da siete dones a nuestras almas en el bautismo.

Recibimos una efusión, un derramamiento de estos siete dones del Espíritu Santo en la Confirmación.

Son los mismos poderes espirituales que fueron derramados sobre Jesús al él comenzar su misión de predicar la buena nueva de la salvación.

 El profeta Isaías, ochocientos años antes del nacimiento de Jesús, predijo estos dones:

“Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor –y lo inspirará el temor del Señor–”  (Isaías 11: 2-3)

Miremos con atención cada uno de estos importantes dones para aprender lo que deben hacer en nuestras vidas. 

SABIDURIA 

Nos ayuda a ver que el mundo es solamente un lugar transitorio, temporal para nosotros, que el cielo es nuestro verdadero hogar.

Nos ayuda a poner nuestro corazón en las cosas que realmente importan en la vida, como Dios, la virtud y la oración. Nos ayuda a ver las cosas como Dios las ve.

ENTENDIMIENTO

Nos ayuda a profundizar en los misterios de la fe y a poder explicar esa fe a los demás.

CONSEJO

Nos ayuda a tomar decisiones correctas acerca de la voluntad de Dios para nuestras vidas.

FORTALEZA

Nos da la fuerza de ser fieles a Cristo aun cuando sea difícil hacerlo.

CIENCIA

Nos ayuda a ver todo en la vida en relación con Dios y la eternidad, a conocerlo a Él, al mundo que Él creó, y su plan para los hombres.

PIEDAD

Nos inspira a adorar a Dios y amarlo como nuestro Padre y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

TEMOR DE DIOS

Nos muestra la maldad del pecado y nos ayuda a desear vivir en la gracia de Dios. También se le llama "asombro y temor" en la presencia de Dios, porque nos recuerda que Él es grande y todopoderoso.

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Muchas personas se preguntan si realmente tienen estos dones, pues no parecen que están presentes en sus vidas. Quizás estos cristianos hayan mirado estos dones como si fueran magia, esperan que ellos aparezcan cuando los necesitan. Pero no es así como estos dones trabajan en nosotros. Así como la fe, la esperanza y la caridad, tenemos que ejercitar nuestros “músculos espirituales” para poder utilizar estos poderes maravillosos. Debemos rezar al Espíritu Santo pidiéndole que nos enseñe a usarlos.

Trata de memorizar estos dones y entonces pídele a Dios que te ayude a usarlos cuando los necesites.

Por ejemplo, si estas fuertemente tentado de ir a una fiesta donde habrá drogas o bebidas alcohólicas, pide el don de fortaleza para que te ayude a vencer la tentación.

El Espíritu Santo responderá a tu oración y te enseñará lo que debes hacer.

 

LOS FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO

A medida que crecemos en la oración y en el uso de estos siete dones, veremos algunos efectos que tienen lugar en nuestras vidas.

Estos efectos se llaman los “doce frutos del Espíritu Santo”.

Cuando vemos un árbol que está floreciendo y produciendo frutas deliciosas, sabemos que es un árbol sano.

Es lo mismo con la vida cristiana.

Sabemos que nuestra vida espiritual es sana si vemos estos frutos en nuestra relación con Dios y con los demás.


LOS DOCE FRUTOS DEL ESPÍRITU SON:

CARIDAD

GOZO

PAZ

PACIENCIA

LONGANIMIDAD

BONDAD

BENIGNIDAD

MANSEDUMBRE

FIDELIDAD

MODESTIA

CONTINENCIA

CASTIDAD

Jesús nos dijo que produciríamos estos frutos del Espíritu solamente si estamos unidos a Él a través de la oración y los sacramentos.



Él se comparó con una parra que lleva savia a sus ramas; la “savia” es un símbolo de su gracia y poder: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

(Juan 15: 5)