Sunday, February 13, 2022

02-13-2022 - ESTE ES MI DESEO - SER TU

 02-13-2022

IGLESIA REINA DE LOS ANGELES - SUNNYSIDE

CLASE DE CONFIRMACION – DOMINGOS

ESTE ES MI DESEO – SER TU


ORACION AL ESPIRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida y renovarás la faz de la tierra.

Oh, Dios, que iluminas los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos saber qué está bien según el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consuelos.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.   

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 LA MISION SALVADORA DE JESUS

El Padre envió a su único Hijo al mundo para la salvación de la raza humana.
El apóstol San Juan proclamó la misión salvadora de Jesús y nos recuerda que esta fue la voluntad del Padre, su plan, para su Hijo:

“Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” Juan 3: 16-17 


JESUS Y EL PADRE

Jesús siempre tuvo su mente puesta en el Padre, a quien Él amaba con todo su corazón.

Él demostró este profundo amor haciendo fielmente la voluntad de Dios aun cuando esto significara sufrimientos y penas como en su agonía en el Huerto de los Olivos o su muerte en la Cruz.


Nuestro Señor hablaba a menudo de su unión con el Padre. Un día, después de haber multiplicado los panes para los hambrientos, Jesús dijo: “…porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado" (Juan 6:38).


Muchas otras veces durante su vida, Cristo reveló la íntima relación que Él gozaba con su Padre:

   *  “El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.” (Juan 3: 35)

*    El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.” (Juan 10: 17)

 * “…pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.” (Juan 14: 31)

"Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.” (Juan 16: 32)


En esas palabras vemos que Jesús hizo todo por amor a Dios y en obediencia a su voluntad.

Nada de lo que el Padre le pedía era mucho o muy difícil, porque el amor de Jesús no conoció limites.

El Padre envió a Jesús para que fuera su más grande PROFETA o maestro, el maestro de la verdad de Dios.

Él fue enviado también para ser nuestro SACERDOTE, que se ofreció en sacrificio al Padre 

y nuestro REY, que vino para comenzar el Reino de Dios sobre la tierra.

A estas tres funciones de Cristo las llamamos su triple misión o triple oficio.


 JESUS NUESTRO PROFETA o MAESTRO

Jesús, el Profeta o Maestro, nos ayuda a llegar  al cielo enseñándonos cómo debemos vivir nuestras vidas para que sean agradables a los ojos de Dios.

Solamente en las enseñanzas  de Jesús podemos encontrar el camino que nos lleva al cielo.

Jesús mismo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.” (Juan 14: 6)

Con sus palabras y ejemplos, Jesús nos dio a conocer el gran amor del Padre para nosotros; Él nos reveló que el Padre lo envió como nuestro Salvador, Aquel que nos libraría de nuestros pecados.

A ésto lo llamamos la buena nueva de nuestra salvación.

Jesús nos trajo la buena nueva de la salvación.

Jesús compartió su función como Maestro con sus  seguidores.

Hoy en día nos enseña a través del Magisterio (la misión de enseñanza) de la Iglesia Católica.

Este deber de compartir la fe con otros es también una parte muy importante de la vida de cada cristiano.

Por el Bautismo y la Confirmación, todos los cristianos estamos llamados a propagar la fe a otros con nuestras palabras, buen ejemplo y esfuerzo apostólico


 JESUS NUESTRO SACERDOTE

Jesús es nuestro único y verdadero SACERDOTE cuyo sacrificio en la Cruz nos ganó el don de la gracia santificante, que es la vida de Dios en nuestras almas.

Con el fin de hacer que esta vida de gracia esté disponible para todos los hombres en todo tiempo y lugar, Jesús nos dio los sacramentos y dijo a sus discípulos que llevaran estos santos dones a todo el mundo. Este es el papel del sacerdocio ministerial.

Cada cristiano participa del sacerdocio de Jesús a través de la unción recibida en el Bautismo y en la Confirmación.

Esto significa que hemos sido destinados a ser verdaderos adoradores de Dios.

Adoración es la oración y el culto que ofrecemos a Dios, especialmente a través de la Misa y de los sacramentos.

También podemos adorar a Dios privadamente de diferentes maneras, por ejemplo, haciendo actos de fe, de esperanza y de caridad.


JESUS NUESTRO REY

Aun antes de su nacimiento, el Mesías fue llamado el gran rey o gobernante del pueblo de Dios.

El ángel Gabriel había revelado a María: “Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1: 32-33)

Los judíos pensaron que el Mesías sería el gobernante de un reino terrenal, pero Jesús corrigió esta manera equivocada de pensar diciendo: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.” (Juan 18: 36)

Nuestro Señor quería decir que su Reino era espiritual.


Todo el que vive en estado de gracia santificante pertenece al Reino de Cristo, que es la Iglesia.

El Reino de Dios (también llamado el Reino de los cielos) es el mejor lugar para vivir una persona.

 

Nosotros vivimos en él en la tierra siendo miembros fieles de la Iglesia , o sea, proclamando a Cristo como nuestro Rey y viviendo de acuerdo a sus leyes y en su gracia, y viviremos en él en el cielo para siempre.

Es tan maravilloso que Jesús contaba una parábola en la cual su Reino era comparado con un tesoro y con una perla (Mateo 13, 44-46).

Parábola: Es una historia que usa ejemplos para demostrar una verdad.

Él decía que la persona que encuentra ese tesoro verá su valor y renunciará a todo lo que se interponga para obtenerlo. 

El obstáculo que generalmente se interpone en nuestro camino de poseer el tesoro del Reino de Dios es el pecado.

Por esta razón Dios nos dio los sacramentos del Bautismo y de la Confesión o Penitencia; a través de esas ceremonias sagradas somos liberados del pecado y nos hacemos miembros de su Santo Reino.

De acuerdo a la parábola, si de verdad valoramos el Reino, vamos a renunciar al pecado para que esta perla y tesoro sean nuestros para siempre. 

 



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