03-27-2022
LA
MISERICORDIA Y EL PERDON DE DIOS
“…Yo reconozco mis delitos, me angustian mis pecados.”
Salmo 38: 19
En el tiempo de Jesús algunos de los líderes religiosos de los
judíos parecía que se habían olvidado del amoroso perdón que Dios había
mostrado a sus antepasados.
Sólo le recordaban al pueblo la justicia
de Dios, especialmente que Él castiga cada pecado que cometemos.
Ellos hablaban de Dios como si Él fuera un juez implacable que
encuentra gozo condenando a todos.
Pero cuando Jesús
predicaba a ese pueblo les dijo que Dios está lleno de misericordia
y perdón.
MISERICORDIA significa que Dios tiene amor y ternura hacia la débil humanidad.
Nuestro Señor, Dios
hecho hombre, nos muestra esta misericordia en su trato con los pecadores.
Cuando los pecadores
venían a Jesús él nunca los ignoraba o los trataba como marginados. Él hacía
que se sintieran deseados y amados y se hizo amigo de ellos.
Incluso llamó a uno de
ellos, a Mateo, a ser uno de sus apóstoles y a otra, a María Magdalena, a ser
una de sus más cercanas discípulas.
Esta actitud amable de
Jesús puso muy enojados a los líderes de los judíos.
Un día los líderes de los judíos se quejaron a sus discípulos: “¿Por qué su Maestro come
con publicanos y pecadores?” (Mateo 9: 11).
Jesús, por casualidad, oyó ese comentario y los dijo: “No son los sanos los que
tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué
significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he
venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.”
Lo que Jesús quiso decir es que Él era como un médico que se preocupa por la
salud del pueblo.
Él es el Médico Divino que ha venido a sanar la enfermedad del
pecado en nuestras almas.
Él ha venido a ofrecernos el perdón y la libertad del pecado a cada
uno de nosotros.
DIOS AMA AL PECADOR PERO ODIA EL PECADO
Algunas personas
piensan que la amistad que Jesús hizo con los pecadores significa que Él
aprueba sus deseos y acciones pecaminosas.
Eso está muy lejos de ser verdad. Él amaba a cada persona porque esa
persona había sido creada por Dios, que nos manda a amar a todos. Pero odiaba
cada pecado y nunca le dijo a nadie que Él aprobaba su pecado.
¿Se recuerdan de la historia
en el Evangelio acerca de la mujer que fue sorprendida en el acto de adulterio?
Alguno de los escribas y
fariseos estaban a punto de matar a esta mujer. Pero Jesús les recordó que
ellos también eran culpables de pecados. Entonces le dijo a la mujer: “Vete, no peques más en adelante.” JUAN 8, 11
TODOS NECESITAMOS UN CAMBIO DE CORAZON
Como la mujer que recién mencionamos, todos nosotros estamos ante Jesús como
pecadores que vienen a Él por perdón.
Vamos a Él en la confesión y salimos del confesionario libre de
pecados. ¿Cómo podemos “irnos y no pecar más”? Teniendo un cambio de corazón. Esto significa que honestamente tratamos de
hacer el bien y evitar cometer pecados, aun cuando es difícil. Esto significa
que tratamos de ver las cosas como Jesús las ve: dando el primer lugar en la
vida a Dios, el segundo a nuestro prójimo y el último a nosotros mismos.
Una de las maneras de tener un cambio de corazón es pasando unos
minutos en la noche, antes de dormirnos, pensando en la manera que pasamos
nuestro día. Brevemente repasamos los Diez Mandamientos para ver si hemos sido
fieles en obedecerlos.
Este tiempo de reflexión nos ayuda a ver qué pecados cometimos y con
qué frecuencia los cometemos.
Esto también nos ayuda a evitar los pecados en el futuro.
Hay una muy buena práctica cristiana llamada examen de conciencia que
nos ayuda a descubrir nuestros pecados y a trabajar en un cambio de corazón.
Cuando examines tu conciencia debes considerar el precio que Jesús
pagó por tus pecados, cómo ellos ofenden a Dios y cómo han lastimado a tu
prójimo.
Debes estar arrepentido de tus pecados. Esto es llamado contrición.
Hay dos clases de arrepentimiento por el pecado:
Contrición perfecta que significa que estamos arrepentidos de nuestros pecados porque ellos
ofenden a Dios al que debemos amar sobre todas las cosas.
Contrición imperfecta, también llamada atrición, que significa que estamos
arrepentidos de nuestros pecados porque tememos el castigo por ellos.
Ambos tipos de dolor por el pecado son aceptables para la confesión, pero la
contrición perfecta es la mejor forma de dolor por el pecado.
Otra manera de crecer en este cambio de corazón es recordando que a la
hora de la muerte tendremos que ir ante Dios y ser juzgados.
Entonces no habrá más tiempo para nosotros poder cambiar nuestra
manera de vivir.
Cuando muramos seremos enviados a uno de los tres lugares espirituales:
Cielo, Purgatorio o Infierno
El Cielo
se otorga a aquellos que han muerto en gracia de Dios y han tratado de conocer,
amar y servir a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas. Es la felicidad eterna en la presencia de Dios.
El Purgatorio
es para aquellos que han querido amar a Dios y servirlo en la tierra pero que,
sin embargo, realmente no trataron tan duro como podían haberlo hecho. Murieron
con pecados veniales o pena temporal debido al pecado. En este estado, son
purificados de sus pecados veniales o penas por su pecado y se preparan para el
cielo.
El Infierno es para aquellos que rechazaron a Dios y
murieron en estado de pecado mortal.
Durante su vida trataron de satisfacer sus deseos egoístas, no se
arrepintieron de sus pecados y rechazaron aceptar la misericordia de Dios.
El Infierno es la ausencia de Dios y un lugar de castigo eterno para
aquellos que escogieron por sus acciones el rechazar a Dios.
Las almas en el infierno están separadas de Dios eternamente.
Después de haber considerado
nuestros pecados en el examen de conciencia y tener dolor por nuestros pecados,
debemos tener un propósito de enmienda, o sea, un propósito de no volver a
pecar y de evitar las ocasiones que nos llevan al pecado.
La mejor manera de cambiar
nuestros corazones es recibiendo el Sacramento de la Penitencia o Confesión
frecuentemente, por lo menos una vez al mes.
De esta manera vamos a tener
nuestros pecados perdonados y recibiremos la fortaleza que necesitamos para
evitarlos en el futuro.
Aunque la confesión es necesaria solo cuando hemos cometido pecado
mortal, la confesión de nuestros pecados veniales nos da gracia que nos ayuda a
evitar los pecados que hemos confesado incluso aquellos que son veniales.
El sacerdote nos dará buenos consejos en cómo llegar a ser un mejor
cristiano.
TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME
Un día Jesús le dijo a sus discípulos: “El que
quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me
siga” (Mateo 16: 24)
Él nos llama a hacer lo mismo. Esto significa que debemos aprender a
rechazar nuestros deseos egoístas haciendo pequeños actos de penitencia.
Algunos ejemplos de
penitencia son:
• el no comer entre comidas
• el ofrecerse voluntariamente a lavar los platos después de la cena, aunque
no sea tu turno de lavarlos
Haciendo estas pequeñas cosas que no nos gustan por amor a Dios, fortalecemos nuestra voluntad.
Entonces, cuando las tentaciones de pecar vengan, estaremos mejor
preparados para decir “no” a las tentaciones.

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