04-10-2022
EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LA CONFESION
“¿Qué consejos le daría a un penitente para hacer una
buena confesión? –se pregunta Papa Francisco-. Que piense en la verdad de su
vida frente a Dios, qué siente, qué piensa. Que sepa mirarse con sinceridad a
sí mismo y a su pecado. Y que se sienta pecador, que se deje sorprender,
asombrar por Dios”. Ofrecemos a continuación algunas preguntas para ayudarte a
reflexionar sobre qué puedes pedir perdón a Dios. Sirven solo como una
orientación: lo más importante es entrar en el propio corazón y admitir las
propias faltas. Si quieres, durante la confesión puedes pedir al sacerdote que
te ayude proponiéndote otras cuestiones. “El examen de conciencia consiste en
reflexionar sobre aquellas acciones, pensamientos o palabras, que nos hayan
podido alejar de Dios, ofender a los demás o dañarnos interiormente. Es el
momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que
nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para
poder vivir como buenos hijos suyos”.
Ofrecemos a
continuación algunas preguntas para ayudarte a reflexionar sobre qué puedes
pedir perdón a Dios. Sirven solo como una orientación: lo más importante es
entrar en el propio corazón y admitir las propias faltas. Si quieres, durante
la confesión puedes pedir al sacerdote que te ayude proponiéndote otras
cuestiones.
Amarás a Dios sobre todas las cosas... - ¿Creo todo lo
que Dios ha revelado y nos enseña la Iglesia Católica? ¿He dudado o negado las
verdades de la fe católica? - ¿Hago con desgana las cosas que se refieren a
Dios? ¿Me acuerdo del Señor a lo largo del día? ¿Rezo en algún momento de la
jornada? - ¿He recibido al Señor en la Sagrada Comunión teniendo algún pecado
grave en mi conciencia? ¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado
mortal? - ¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad? ¿He practicado
la superstición o el espiritismo? - ¿He faltado a Misa los domingos o días
festivos? ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia? … y al prójimo como a
ti mismo. - ¿Manifiesto respeto y cariño a mis familiares? ¿estoy pendiente y
ayudo en el cuidado de mis padres o familiares si lo necesitan? ¿Soy amable con
los extraños y me falta esa amabilidad en la vida de familia? ¿tengo paciencia?
- ¿Permito que mi trabajo ocupe tiempo y energías que corresponden a mi familia
o amigos? Si estoy casado, ¿he fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando
reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos? - ¿Respeto la
vida humana? ¿He cooperado o alentado a alguien a abortar, destruir embriones,
a la eutanasia o cualquier otro medio que atente contra la vida de seres
humanos? - ¿Deseo el bien a los demás, o albergo odios y realizo juicios
críticos? ¿He sido violento verbal o físicamente en familia, en el trabajo o en
otros ambientes? ¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿Les
corrijo con cólera o injustamente? - ¿Procuro cuidar mi salud? ¿He tomado
alcohol en exceso? ¿He tomado drogas? ¿He arriesgado mi vida injustificadamente
(por el modo de conducir, las diversiones, etc.)? - - ¿He mirado vídeos o
páginas web pornográficas? ¿Incito a otros a hacer el mal? - ¿Vivo la castidad?
¿He cometido actos impuros conmigo mismo o con otras personas?
- ¿He consentido pensamientos, deseos o sensaciones
impuras? ¿Vivo con alguien como si estuviéramos casados sin estarlo? - Si estoy
casado, ¿he cuidado la fidelidad matrimonial? ¿procuro amar a mi cónyuge por
encima de cualquier otra persona? ¿Pongo mi matrimonio y mis hijos en primer
lugar? ¿Tengo una actitud abierta a nuevas vidas? - ¿He tomado dinero o cosas
que no son mías? ¿En su caso, he restituido o reparado? - ¿Procuro cumplir con
mis deberes profesionales? ¿Soy honesto? ¿He engañado a otros cobrando más de
lo debido, ofreciendo a propósito un servicio defectuoso? - ¿He gastado dinero
para mi comodidad o lujo personal olvidando mis responsabilidades hacia otros y
hacia la Iglesia? ¿He desatendido a los pobres o a los necesitados? ¿Cumplo con
mis deberes de ciudadano? - ¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya
podido seguirse? ¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de otras
personas? ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿He calumniado?
La contrición, o
arrepentimiento, es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que
incluye la resolución de no volver a pecar. Es un don de Dios: por eso, si te
parece que aún estás apegado al pecado –que, por ejemplo, no te ves con fuerzas
de abandonar un vicio, perdonar a una persona o enmendar un daño causado–,
pídele a Él que obre en tu corazón, para que rechaces el mal. A veces, el
arrepentimiento llega con un sentimiento intenso de dolor o vergüenza, que nos
ayuda a enmendarnos. Sin embargo, no es indispensable sentir ese tipo de dolor:
lo importante es comprender que hemos obrado mal, tener deseos de mejorar como
cristianos y hacer el propósito de no volver a cometer esas faltas.
Existen varias oraciones que sirven para manifestar la
contrición, por ejemplo, la siguiente: Dios mío, me arrepiento de todo corazón
de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no solo merezco las
penas que causan, sino que principalmente te ofendo a ti, sumo Bien y digno de
amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de
tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.

No comments:
Post a Comment