El Sacramento de la Penitencia o Confesión
“Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de
toda injusticia…”
1ra Epístola de San Juan 1: 9
Dios nos llama a cada uno de nosotros a una nueva vida en Él, la vida de la gracia santificante.
Recibimos esta vida por primera vez en las aguas del
Bautismo, que nos quita el pecado y nos hace templos del Espíritu Santo.
Pero ¿qué pasa con los pecados que cometemos después
del Bautismo?... ¿Cómo podemos lavar esos pecados de nuevo?
Por el maravilloso Sacramento de la Penitencia.
(llamado también Confesión o Reconciliación), el
regalo del amor y de la misericordia de Dios a su pueblo.
En la noche que Él resucitó de la muerte, Jesús se
le apareció a los apóstoles y les dio el poder sacerdotal de celebrar este
sacramento.
San Juan, que fue testigo de este evento, nos lo
describe:
“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas
las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los
judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:
«¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se
llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:
«¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
«Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan».”
Evangelio de San Juan 20: 19 - 23
Por esas palabras Jesús le dio a
los apóstoles el poder de perdonar los pecados, algo que sólo Dios puede hacer.
¿Cómo puede ser eso?
Porque Nuestro Señor compartió con los apóstoles su
misión como Salvador.
Ellos debían ir por todo el mundo perdonando los
pecados como Él lo había hecho.
Cristo había compartido con ellos su autoridad de
enseñar y también le había dado el poder (en la Última Cena) de cambiar el pan
y el vino en Su Cuerpo y Su Sangre, y ahora les daba el poder de perdonar los
pecados.
San Pablo les recordó a los primeros cristianos acerca
de este poder del sacerdocio:
“Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de
Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el
que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los
pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los
hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo:
Déjense reconciliar con Dios.”
2da Carta de San Pablo a los Corintios 5: 18 - 20
ENTENDIENDO EL SACRAMENTO DE LA
PENITENCIA
Podemos entender mejor este
sacramento si miramos más de cerca las palabras que Jesús usó cuando Él dio
este sacramento a la Iglesia.
“La paz sea con ustedes”: Esto nos dice que Jesús estaba dando este sacramento
como manera de tener paz verdadera
en nuestras vidas. A través de este sacramento Él nos quita nuestros pecados.
Esto nos ayuda a liberar nuestros remordimientos de conciencia que nos roba la
paz interior de nuestra alma.
“Como el Padre me envió”: Esto nos recuerda que Jesús era el embajador de Dios
Padre. Un embajador es alguien que es enviado por alguien más con un mensaje
importante que comunicar.
El mensaje que Jesús nos trajo era la buena nueva de
la salvación, la verdad que nos libraría de nuestros pecados y del infierno si
lo seguíamos.
“Así
también yo los envío”: Esto nos recuerda del pasaje que recién leímos de
San Pablo, donde él se llama a sí mismo y a los otros sacerdotes “Embajadores de Cristo”.
De la misma manera que el Padre envió a Jesús a quitar los pecados, ahora Jesús envía a
sus sacerdotes a hacer lo mismo.
“Recibe el Espíritu Santo”: Recordemos del capítulo sobre la
Confirmación que el Espíritu está lleno de poder. Este es el poder de Dios que
puede quitar los pecados. Cuando vamos a la confesión el sacerdote perdona
nuestros pecados con el poder del Espíritu Santo.
El sacerdote por él mismo no
puede hacer eso porque él es un hombre pecador igual que nosotros, pero como
sacerdote él tiene el poder del Espíritu Santo.
“Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen”: Esto nos dice que Jesús dio el ministerio del
perdón y de la reconciliación a los apóstoles. Ellos, a su vez, se lo dieron a
otros sacerdotes y así hasta nuestros días.
No tenemos que preguntarnos si Dios nos perdona cuando vamos a la
confesión porque tenemos la seguridad de las palabras de Jesús que así es.
“y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”: Esto nos recuerda que el sacerdote puede denegar o
rechazar el perdonar nuestros pecados. Si el sacerdote nos pide que deje de cometer un pecado
y nosotros decimos “no”, entonces el
sacerdote no nos dará la
absolución. ¿Por qué? Porque esto muestra que no estamos realmente arrepentidos
por el pecado y todavía queremos cometerlo. Nuestros pecados pueden ser
perdonados solamente si estamos verdaderamente arrepentidos y prometemos
evitarlos en el futuro.
MATERIA Y EFECTOS DE LA PENITENCIA
Como todos los sacramentos, el sacramento de la
Penitencia o Confesión
tiene sus propios signos.
Cada sacramento tiene MATERIA, FORMA y MINISTRO.
MATERIA es el elemento físico
FORMA son las palabras sagradas
MINISTRO es el que celebra el sacramento
SACRAMENTO DE LA
PENITENCIA
MATERIA: Confesion verbal de los pecados
FORMA: "Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre..."
MINISTRO: Sacerdote
EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
1. La reconciliación con Dios por la que el penitente recupera la gracia
2. La reconciliación con la Iglesia
3. La remisión de la pena eterna contraída por los pecados mortales
4. La remisión, al menos en parte, de las penas temporales, consecuencia
del pecado
5. La paz y la serenidad de la conciencia y el consuelo espiritual
6. El acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate
cristiano
PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN
1.
Examen de conciencia
2.
Dolor de los pecados
3. Propósito de enmienda
(hacer propósitos para no pecar más)
4. Confesarse, o sea,
decir los pecados al sacerdote
5. Cumplir la penitencia
que el sacerdote nos da

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